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Del humor negro al drama: Entrevista a Kenya Márquez, directora de Asfixia

Por: Miguel Martínez @Filmikes

Asfixia, el más reciente largometraje de Kenya Márquez, formó parte de la Sección de Largometraje Mexicano de la 16ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Platicamos con la realizadora, quien nos habló sobre el proceso de realización de la película y la importancia de sus personajes en ella.

El filme relata la vida de Alma, una mujer albina que después de salir de la cárcel donde aprendió a cuidar enfermos, se propone recobrar a toda costa algo mucho más importante que su propia libertad. Para lograrlo se ve obligada a cuidar por las noches a Clemente, un hipocondríaco con una obsesión compulsiva por evitar una muerte fulminante. La relación entre ambos transitará desde la sospecha, el miedo, la compasión hasta la ternura y el amor.

Asfixia (dir. Kenya Márquez)

Asfixia (dir. Kenya Márquez)

FICM: ¿De dónde surgió la idea de crear una historia donde el personaje principal fuera una albina?

Kenya Márquez: Para mí es muy importante que las películas que yo hago como proyecto personal tengan algo que decir, que como repercusión social hablen de mi contexto, de mi país, porque creo que los cineastas tenemos una responsabilidad social y sobre todo porque de alguna u otra forma recibimos financiamiento de nuestro propio gobierno. Creo que es vital el poder plasmar en una historia, sin ser un panfleto, una postura política de lo que tú crees o piensas que está mal. Esta película surge como la segunda parte mi trilogía, empecé con Fecha de caducidad (2012), todo se rige basado en la discriminación, me parece desastroso y eso genera muchos conflictos como ahora lo vemos con los migrantes y con el clasismo que la sociedad mexicana genera a partir de la apariencia.

En Fecha de caducidad, lo exploré a través del personaje de Genaro, ahora sentía que era importante a través de un personaje femenino, que pudiera plantear la problemática que existe en las mujeres. Así es como surge Alma, una mujer que sufre discriminación al salir de la cárcel y de alguna forma la exclusión de la sociedad no le permite integrarse laboralmente a su vida normal y que, por otra parte, sentía importante que fuera una mujer albina que tuviera esta doble dificultad y mostrar al espectador la discriminación constante que hacemos no sólo del rubio al moreno, sino del moreno al rubio. Para mí era importante plasmarlo en la película, todo esto a través de una historia de amor entre dos soledades que no logran concretarse por los prejuicios de cada uno y por las dificultades en la vida y en el momento en el que están en la historia.

Ese era un poco el tema principal en la película, también plantear la violencia hacia la mujer, como en el caso del personaje de Bernie, plantear cómo el contexto rige tu forma de ser en la vida. Creo firmemente que las mujeres también somos responsables de los hombres machistas, de alguna u otra forma nosotras somos las que educamos y dejamos ese rastro para los hombres que después tienen historias que se desencadenan. Sentía que era importante tener este abanico de personajes: el de Alma con el juego de la discriminación; el de Clemente que tiene todo en la vida y que por propia decisión decide no seguir viviendo, sino quedar pasmado y congelado; el de El Bernie que es un hombre machista y, aun así, ama a su hija pero no sabe cómo hacerlo, no ha aprendido a hacerlo más que de una forma violenta; y de Conchita, que es una mujer que fue educada para casarse. Creo que en México y sobre todo en América Latina es como nos educan a las mujeres, me parece lamentable porque nos truncan nuestro camino, nuestro destino y nos convencen de ser feliz de una forma más amable en la vida. Todo esto quería aglutinarlo en esta historia donde los personajes vivieran su propia asfixia y que tuviera también tintes de humor negro, como es mi estilo, más moderados evidentemente porque es un drama, pero quería congregarlo todo y hacer una historia que pudiera ser parte de esta trilogía que estoy armando.

FICM: En Asfixia logramos percibir temas que no sólo abordan el albinismo, por momentos parece que lo peor en la historia es ser mujer, por la discriminación de acuerdo al contexto y la violencia de género, ¿cómo lograste el equilibrio de temas en el guion?

KM: Me haces una pregunta muy fuerte porque eso fue lo más complejo del guion, el poder lograr ese equilibrio. Evidentemente quería plasmar todas las dificultades que tiene un personaje albino y hay mucha ignorancia en torno al albinismo, quería también plantearlo pero buscar ese equilibrio de la historia de amor y búsqueda de esta mujer incansable para recuperar lo perdido, fue lo más importante, y que lo demás fueran capas de la película. Fue un trabajo de muchos tratamientos de guion, porque siempre caía en una cosa más documentalera en torno al albinismo; y de repente era crudo porque muchas veces mi coguionista me decía “mejor haz un documental, si estás muy preocupada por eso”, él fue una parte muy importante en la escritura del guion porque todo el tiempo me detenía.

Tuve un encuentro muy afortunado con Laura Satullo y con Flavio González Mello casi en los tratamientos finales, porque fueron unos grandes asesores para mí, me hicieron darme cuenta de que lo importante era la historia de este personaje, su discriminación, la violencia en las mujeres y el albinismo, que se tenía que mostrar sin que fuera lo que encabezara la historia, porque de alguna u otra forma era un elemento que estaba ahí para el personaje, no era un documental.

Por otra parte, estaba la dificultad de plantear un personaje como El Bernie, que no fuera el malo malo y que esto obviamente repercutiera en los otros tres personajes. Para mí era muy importante mostrar esta complejidad del ser humano de que todos somos buenos y malos, es decir, todos tenemos nuestros momentos de villanía cuando buscamos lo que queremos, cuando estamos desesperados por una situación. Fue el camino más complejo porque sí era importante para mi mostrar el contexto que tenemos en la vida, con la familia, los que nos rodean; que sí nos llegan a marcar en cómo actuamos y lo que somos capaces de hacer. La educación permea en todos los momentos de la vida hasta hacer cosas terribles si eso es lo que aprendes desde niño. Fue un trabajo arduo. En la edición seguimos trabajando en esa moderación del albinismo, me ayudó mucho mi editor a crear una media que creo que sí está en la película y para mí fue muy importante que pudiera ser todo más sutil en torno a Alma y todos los personajes.

FICM: ¿Cómo fue la creación del personaje de Alma y el trabajo con Johana Fragoso?

KM: El camino más complejo fue encontrar una actriz albina, porque no hay en México. En algún punto pensamos contratar a una actriz y tratar de darle esa apariencia, pero sentí que eso iba a ser desastroso y muy falso, por eso me eché el camino difícil de buscar una mujer albina que pudiera interpretar a Alma, porque a mí me daba mucho miedo trabajar con actores naturales, toda mi vida he trabajado con actores profesionales. Primero fue encontrarme con esa desventaja, que luego fue una gran ventaja para mí, , me preocupaba buscar a alguien que no fuera actor y que pudiera interpretar el personaje junto con actores profesionales porque de repente veo películas en donde hay esta combinación y sí hay contraste muy fuerte y es donde creo que se descubre el pastel de cómo es el cine y eso me ponía nerviosa, el lograr este equilibrio entre actores naturales y profesionales. Buscamos tres o cuatro años a Alma en varios estados de la República, hicimos varias pruebas con chavas que estaban muy interesadas, era muy difícil porque la mayoría de los albinos son muy introvertidos, les cuesta estar en un entorno muy social, tienen una actitud distinta, fue difícil encontrar a chavas que tuvieran muy claro el personaje y que pudieran estar enfrente de una cámara, ellos no ven bien, tienen cierta dificultad en la vista, entonces también era ver su nivel  de percepción en cuanto a la puesta en escena, porque tú marcas la puesta en un set y ellos tienen que seguir ciertas marcas y de repente se les dificultaba llegar a algunas. Eran una serie de cosas que hacíamos para saber si iban a lograr interpretar el personaje.

Finalmente encontré a Johana, la encontré muy cercana a la película. Nosotros ya estábamos trabajando con otra actriz natural, pero le hicimos un casting muy breve, fue justamente con Raúl, ahí es donde me di cuenta que ellos eran los personajes de la película. Fue un trabajo muy arduo de entrenamiento a través de Marco Aguilar que estuvo trabajando con ella durante un mes, cuando llegó a mis manos el trabajo de mesa fue más humano. Johana es una mujer muy lista, ella al ser psicóloga quería partir desde el punto de vista psicológico del personaje, pero yo me fui por otro camino con ella, eso se lo dejé al coaching, yo siempre me fui con el punto humano, el punto de la pérdida de una madre, de su hija, de la angustia que puede tener una mujer en ese momento de su vida. Compartí muchos momentos con ella sobre el ser madre, intenté este camino que obviamente es más doloroso para ella y para mí, pero creo que funcionó muy bien, pudimos compenetrarnos y hacernos amigas hasta el punto de poder conocernos y saber qué buscábamos cada una en el set.

Johana es una mujer muy intuitiva, se sabía perfectamente muy bien sus diálogos, lo hizo increíble, su marca la tenía muy clara, fue muy profesional, apechugó todo lo que le venía, porque cambió su estilo de vida, la llevamos a vivir a otro espacio, a conocer otros lugares, a vivir en otro entorno muy distinto al que ella tenía, y asumió todo como fue y creo que lo hizo muy bien. Me sorprendía mucho verla en pantalla cuando estábamos filmando, evidentemente tuvimos que filmar de otra manera, de forma cronológica, teníamos que hacer toda la secuencia completa, no podíamos hacer cachitos, lo hacíamos todo completo para que ella pudiera adentrarse más en su personaje. Yo le agradezco mucho a Enrique Arreola, Raúl Briones y Mónica del Carmen que tuvieron esta generosidad con ella de cambiar su rutina de trabajo, aunque trabajaran más, pero que resultó mejor para la película. Ellos fueron muy generosos con Johana y conmigo, se los agradezco, son grandes actores.

FICM: ¿Cómo fue el proceso de filmar por primera vez en la Ciudad de México después de rodar toda tu filmografía en Jalisco?

KM: Fue la primera vez que filmé fuera de Jalisco y creo que eso ayudó mucho a la película, era muy importante que se viera una gran ciudad, que se viera una metrópoli y que Alma y todos mis personajes se sintieran uno más en esta gran urbe, que el espectador también tuviera esta sensación de que somos tantos de que nos olvidamos y de que somos uno más y nos deshumanizamos. Para mi era importante que la Ciudad de México se viera así, porque como soy de provincia, obviamente para mí ver estas grandes locaciones que tiene esta ciudad era igual de impresionante que lo que yo buscaba en mi personaje; como estar en las grandes torres, en Pantitlán, en estos espacios que son tan poderosos visualmente, a mi me causaba lo mismo y quería que esa sensación la tuviera mi personaje y el espectador cuando viera la película.

Creo que mi propia ignorancia de la Ciudad de México en cuanto a espacios ayudó, creo que esa visión fresca ayudó a la película, el fotógrafo y yo trabajamos mucho esta posibilidad de tener diferentes encuadres, de mostrar esta gran ciudad en estos espacios oscuros y era un reto también, porque la película es muy blanca y muy luminosa como parte del trabajo con Alma, entonces tenía que  presentar estos espacios a partir de esta visión de este personaje y de la visión de Clemente hacia Alma, que la ve como su ángel de la guarda, entonces fue un trabajo extenuante y que disfrutamos mucho, soy muy minuciosa, estuvimos tres o cuatro meses buscando locaciones en la ciudad, creo que sí se ve otro México, siento que sí logre plasmar otra ciudad.

FICM: Para ti como cineasta, ¿cuál fue el mayor reto de explorar otro género en Asfixia más allá del humor negro?

KM: Fue muy inconsciente. Yo escribo los primeros tratamientos, luego se los mando a mi coguionista y nos los vamos regresando, yo siempre escribía el drama inconscientemente y todo el tiempo él me decía “oye hay muy poco de humor negro, no sé si estás consciente”, no me di cuenta que yo la estaba llevando por ese camino pero creo que era una necesidad propia de la historia, me costó mucho trabajo asumirlo porque todos mis trabajos son de humor negro más, drástico inclusive, llevado al otro extremo. Esta es mi película donde el humor negro es más moderado y más llevado al drama; creo que hasta la edición asumí que ese era el género al que yo había llevado la película y que tenía que partir de eso, porque era la necesidad de los personajes, pero me costó mucho trabajo hasta los últimos tratamientos de la película. Roberto Fiesco estuvo inmerso en la producción de la película y él todo el tiempo me decía “pero esto es un drama, no es humor negro”. No lo asumí tal cual y ahora me doy cuenta que cada historia tiene su propio género y su propia forma de contarla y también me da una madurez como directora porque puedo dirigir diferentes géneros sin problema y dejarme llevar por la historia; eso fue un poco lo que sucedió con Asfixia.

FICM: ¿Qué tienes pensado para el cierre de la trilogía? ¿Qué podemos esperar?

KM: Estoy escribiendo una película que se llama Se busca, es la tercera parte de esta trilogía, el personaje principal es una adolescente, evidentemente hablo de las pérdidas, discriminación y robo de niños. Ésta sería la última parte, ya estoy muy adelantada con esta historia, estoy muy contenta, porque normalmente me cuesta mucho trabajo arrancar mi siguiente guion, con esta historia particular tengo como un año dándole vueltas a la cabeza. Siempre intenté que los personajes en la trilogía tuvieran diferentes edades, en el caso de Fecha de caducidad de 60 años; en Asfixia una mujer de 30-35 años; y ahora quiero hacerlo a partir de la visión de una mujer adolescente. Quiero intentar filmar más rápido, porque con Fecha de caducidad tardé 11 años y con Asfixia ocho, es un poco frustrante como directora. Quiero filmar rápido y poder contar otra historia pronto.