07 · 17 · 20

Autoridad para fingir: Lecciones de actuación con Willem Dafoe

Por: Berenice Andrade @MelcochaBarata

Para Willem Dafoe convertirse en actor fue un proceso natural que no implicó ningún tipo de entrenamiento. Simplemente pasó en el seno familiar y después se extendió a todos los aspectos de su vida hasta que se convirtió en su trabajo.

Durante su primera visita al Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en 2016, el actor estadounidense tuvo una larga conversación con el público mexicano y con el crítico de cine y académico Nick Roddick, acerca de lo que implica ser un actor, aquello que él llama “tener autoridad para fingir”, y cómo a él la actuación lo llevó a definir su identidad desde muy pequeño.

Willem Dafoe

Willem Dafoe en el 17° FICM.

“Era muy difícil encontrar tu propia identidad en una familia con ocho niños. Mi manera de destacar fue convertirme en el payaso, esa fue mi arma para sobrevivir en esa familia caótica. Mi amor por la actuación nació como una extensión de la vida social. Nunca decidí ser un actor, solo gravité situaciones y gente, y después de cierto tiempo dije: “Bueno, supongo que soy un actor”.

Con un prolífica carrera de 51 años (su primer trabajo pagado como actor fue a los 13 en una obra de teatro comunitario) más de 120 películas, centenares de obras y decenas de premios y nominaciones, el actor nacido en Winconsin en 1955 compartió generosamente con el público del FICM algunas lecciones muy valiosas de su paso por los escenarios y los sets de filmación.

En busca de voces propias

Yo creo en un cine que viene de una voz propia, un cine de autor. Me atrae mucho el trabajo de directores fuertes que tienen un toque particular para trabajar y para hacer las películas que quieren hacer. Este tipo de director lo encuentras mucho menos dentro de la industria que en los márgenes de ella.

Los buenos personajes

Lo que encuentro más atractivo, más romántico, son historias que vienen de los límites, hablar de mundos y experiencias que no conozco. Uno de los placeres de ser actor es ir hacia las experiencias de alguien más y lograr algún tipo de entendimiento, habitarlo de una manera que te rete, que rete tus pensamientos, cómo ves el mundo, que te transforme. Ese es el placer. Yo soy un tipo bastante estable, tengo una vida tranquila, así que para activar, para hacer algo, estoy más inclinado a cierto tipo de caos, peligro y aventura.

Con autoridad para fingir

La preparación para los personajes es siempre diferente, no solo por los personajes que interpreto, sino por el rol que juego en cada película y la relación con los directores, que también es siempre distinta. Tengo que calcular todas esas cosas. Como actor investigo, leo, exploro diferentes lugares o disfraces extraños porque necesito la autoridad para fingir, tener el nivel de compromiso que necesito para convertirme en esa persona o aproximarme lo más posible a sus procesos mentales.

Hay tantos tipos de películas y tantos tipos de interpretaciones, algunas más teatrales, algunas más naturales, algunas más distantes y algunas muy cercanas, pero todo el tiempo estás fingiendo. Estás invitado a ser transformado, estás invitado a perderte en la otredad, siempre estás moviéndote hacia algo. Y me encanta ese sentimiento. Es por eso que actuar nunca me aburre, es por eso que todavía creo en el poder del cine.

La estructura libera

Siempre me pensé más como un bailarín que como un actor. Me encantan las marcas en el piso, me encanta la estructura, porque una estructura fuerte te da libertad y energía para habitar ese personaje. Mis experiencias más fuertes son cuando me someto a la estructura, cuando me someto a una idea y me sorprendo a mí mismo, porque si tú controlas demasiado solo vas a reforzar lo que ya conoces y una pequeña parte de ti va a morir cada vez que lo hagas.

Willem-Dafoe-FICM

Willem Dafoe en el 16° FICM

El actor al servicio de la película

La actuación está al servicio de la película. Puede haber cierto placer en ver una actuación muy presente o muy hábil en una película mala, pero si no le sirve a esa película se convierte en un show de talentos. Para mí, las actuaciones superiores son las que, absolutamente, sirven a la película: no sabes dónde está el límite entre el personaje, el actor, la actuación, el guion, el director. Todo está en un paquete y ni siquiera puedes imaginar quién hizo qué.

Convertirse en la idea a través de la sabiduría del cuerpo

Uno de los placeres que más disfruto es encontrar la sabiduría del cuerpo en lugar de tener una idea y verla realizarse. A mí me gusta ser la idea, me gusta ser el objeto y he encontrado una profesión que se trata de eso.

Tengo un tipo de mala memoria que se manifiesta cada que llego a hacer una nueva película. Es como si no supiera cómo se hace. “¿Cómo se hace esto? ¿Qué es esto?”, me pregunto, y es un sentimiento hermoso. Entonces imagíname siendo un director con este defecto, llegando al set y preguntándome: “¿Cómo hago esto? ¿Qué es esto?”. Los directores tienen que ser más responsables y me gusta un poco de irresponsabilidad.

La gente antes de los guiones

No confío en los guiones y no confío en los personajes porque no sabes cómo serán, pero sí confío en estar en un cuarto con personas que toman con seriedad lo que hacen o tienen un deseo irrefrenable de hacer algo, te invitan a hacerlo y sacan lo mejor de ti. Y eso es todo lo que puedes pedir, porque el cine es una forma artística que tienen tantas manos en ella que nunca puedes estar seguro del resultado. Entonces, la forma en la que escojo los papeles no ha cambiado: se trata mucho de la gente.

Compromiso como atributo principal

Un actor, ya sea que esté practicando, ya sea que esté sirviendo café, actuando, celebrando, ya sea que no pueda conseguir trabajo, siempre tiene que encontrar la manera de permanecer comprometido sin importar lo que implique; se tiene que hacer cargo de sí mismo sin preocuparse de otras cosas.

Ve toda la plática completa en el siguiente video: