05 · 11 · 17

Entrevista a Rodrigo Ímaz, director de Juan Perros

Por: Frida Bárbara Monjarás (@frida_barbara)

Rodrigo Ímaz ganó por Juan Perros (2016) el Ojo a Mejor Cortometraje Documental en el 14º FICM. Ahora será presentado en el próximo Festival de Cannes en la función especial del FICM en la Semana de la Crítica. En entrevista, Ímaz explica cómo conoció al protagonista del documental, Juan, el proceso de realización y la importancia de mostrarse en Cannes.

Rodrigo Ímaz. Foto @Robert Allen

 ¿Cómo fue tu acercamiento a Juan, el protagonista del documental?, ¿cómo lo conociste?

Hace casi 10 años conocí a Juan mientras trabajaba en una campaña de educación ambiental a través del arte, en Cuatro Ciénegas Coahuila. Este sitio es una área natural con condiciones únicas, alberga pozas de agua primigenia, agua de mar que se quedó atrapada cuando la Pangea, de tal suerte que las condiciones marinas dentro de esta zona árida se preservaron en medio de sierras que resguardaron la zona como ecosistema aislado.

A partir de entonces me convertí en profesor de artes y ecología en las primarias públicas de esta comunidad por varios años. Decidimos trabajar con los niños utilizando material recuperado (basura) para producir piezas de arte objeto, por lo que acudimos al basurero más cercano a recolectar materia prima. Era el basurero más bello, ordenado y extraño del mundo, los objetos parecían haber sido seleccionados por alguien. Dicho proyecto tuvo muy buena recepción entre los niños, por lo que pronto volvimos por más. Fue así como conocí a Juan, el protagonista del documental, quien me sorprendió husmeando entre sus cosas. Me di cuenta que no estaba en el basurero municipal sino en el terreno de Juan Perros.

Luego de preguntar el motivo por el cual nos llevamos sus objetos, le expliqué el sentido y el uso que hacíamos de su basura. Juan generosamente aceptó donar el material necesario si el objetivo era didáctico. Volvimos en varias ocasiones a recolectar material y a partir de estas visitas fuimos conociéndonos en interminables pláticas.

¿En qué momento decidiste hacer un documental sobre él?

Lo visité a lo largo de varios años, con el tiempo nos hicimos amigos. Solía visitarlo después de trabajar con los niños, pasábamos horas juntos conversando y jugando al ajedrez. En algún momento Juan me contó su historia y me compartió su inquietud por contarla, él se encontraba escribiendo sus memorias.

La siguiente vez que lo visité, habían incendiado su terreno, había perdido animales y documentos, entre esto sus memorias, sus documentos de Identidad y de estudios, su acta de nacimiento, su IFE y sus pertenencias personales. Luego de ver que había perdido todo en el incendio y que renunciaba a estar dentro del sistema cívico-social, olvidándose de sus credenciales y documentos, me pareció que Juan aportaba un testimonio especial y elocuente, una historia que valía la pena contar. En algún momento me percaté que el video era el medio que mejor me permitía representar la complejidad del fenómeno que enfrentaba y las variables que me interesaba involucrar. Fue entonces que le propuse volver con una cámara para filmarlo: él contaría su historia y me permitiría retratar su forma de vida.

¿Cómo fue el proceso de realización del cortometraje?

Tal y como había acordado con Juan, dos años después estaba con una cámara en su terreno y sin experiencia para operar una cámara propiamente, sin tener claro cómo armar un retrato de Juan. Le hice muchas entrevistas y documenté su vida. Esto permitió introducir la cámara ante él y sus animales, desarrollar la manera de contar su historia, construir estrategias e intenciones para volver a filmarlo en otro momento.

Filmamos a Juan durante los años: 2010, 2011 y 2015. Invité a Emiliano Fernández Hurtado como fotógrafo y compañero de aventura, su trabajo es excepcional. Durante este período fuimos organizando el material porque no teníamos un guión determinado, el guión surgió de transcribir todas las entrevistas y buscar la manera de contar esta historia, teníamos demasiado material y muchos momentos especiales que quizá se quedaron fuera. Lo importante no es lo que se encuadra, sino lo que se deja fuera del cuadro, de la historia: lo que no se cuenta. El guión y la edición la desarrollamos en paralelo, Juan Pablo San Esteban archivó, clasificó y editó el material, mientras hilvanábamos la historia, haciendo pruebas que nos permitieron descubrir el argumento y el guión. Esto ocurrió editando, vinculando el material, buscando alternativas, formas de ver, generando puntos de vista y propuestas narrativas.

Finalmente nos pusimos en contacto con la productora 212 Berlin que dirige Trisha Ziff, a partir de lo cual logramos llevar el proyecto a su fin, concluir la postproducción y estrenar el documental en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia. Este proyecto solo pudo ser posible gracias al trabajo solidario de muchas personas que nos apoyaron, ya que contábamos con recursos muy escasos. En buena medida fueron las voluntades solidarias que aportaron su tiempo y sus saberes las que nos permitieron concluir este proyecto.

A la fecha Juan y yo estamos en contacto, hablamos a menudo, nos apoyamos en la medida de nuestras posibilidades y compartimos nuestras experiencias: nos consideramos amigos. Mi motivación ha sido apoyar a Juan y compartir su amistad.

Juan Perros

Lo que me gusta de tu documental es que Juan no convive con nadie más y vive en un lugar que parece un escenario o un set de una película de ciencia ficción, como el último hombre sobreviviente de una catástrofe, que justo hace eso, sobrevivir y resistir. ¿Había algo de esto que te interesaba mostrar en el documental?¿Qué es lo que querías transmitir?

Creo que el impacto que genera el contraste entre la belleza natural de Cuatro Ciénegas y el terreno de Juan Perros lleno de basura nos invita a descubrir la intersección donde coinciden los procesos humanos y los fenómenos naturales. Juan Perros nos invita a reflexionar y experimentar la forma en que un hombre encontró su libertad en un sistema de vida libre, humilde y radical, sobreviviendo de la basura en medio del desierto para alimentar a sus animales. Esto necesariamente cuestiona nuestros valores y costumbres, nuestras zonas de confort: nuestras formas de habitar.

Me interesaba mostrar a Juan alejado, ajeno al resto, como alteridad radical, evasivo incluso; porque de alguna forma así es como ha encontrado protección y seguridad, alejándose de la vida social y estableciendo lazos con sus animales y la naturaleza, en soledad, pero sin perder su generosidad y su sentido comunitario.

La intención del documental era hacer un registro donde la cámara fuera un testigo directo de los fenómenos y sucesos naturales que ocurrían en el terreno de Juan, sin prejuicios y sin condicionar las circunstancias dentro de nuestras posibilidades. El testimonio de Juan nos invita a hablar de lo humano y lo subjetivo, mientras que el espacio, el terreno de Juan, pareciera un “set” muy complejo que me permite referir a los desechos que producimos. Para mí representa un reflejo o análisis del sistema económico, pero de abajo hacia arriba, en lugar del modelo común.

¿Para ti, cuál es el sentido e importancia de hacer cine documental?

Mi profesión es la de pintor y dibujante, a veces logro alguna escultura. Me fascina el cine pero no me considero un especialista. Para mí este documental obedece a un proyecto específico que me inclinó a estudiar cine. Creo que cada proyecto tiene condiciones distintas, por lo que nuestra labor como creadores artísticos es ser sensibles al material, puesto que cada proyecto obedece a ciertas condiciones y variables específicas que hay que aprender a escuchar para poder avanzar.

Por otra parte, me interesan los documentales que muestran situaciones o aspectos que no conozco, historias ajenas que retratan otras culturas, que evocan otras realidades y que me invitan a participar de lo ocurrido en otros tiempos.

Me producen un interés particular los proyectos que cuestionan nuestros principios de realidad, que sacuden los andamiajes sobre los que apoyamos o construimos nuestras formas de vida. Disfruto salir del cine o de alguna exposición artística con la sensación de estar en un proceso digestivo, circunstancia que difícilmente ocurre con otros espectáculos que son olvidados inmediatamente, puesto que no trascienden el instante en que son consumidos. Personalmente prefiero los proyectos que exigen de mi participación activa y creativa, que me involucran para terminar de construir la narrativa o el sentido de la pieza. Por eso me seduce la pintura de Velázquez, porque nuestra mirada la completa.

En el caso de Juan Perros son nuestras experiencias humanas y nuestra empatía las que completan el argumento, le da voz a un testimonio que difícilmente llegaría a ser escuchado, muestra la forma de vida de Juan y la de sus animales, retrata un espacio descartado por la sociedad, da luz a lo que en general se esconde o se margina, muestra lo que usualmente se descarta o se desecha. Quizá en esto reside su importancia.

Tu cortometraje ganó el Ojo a Mejor Cortometraje Documental y ahora se mostrará en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, ¿qué significa esto para ti?

Significa un reconocimiento muy especial haber sido premiados en el Festival de Morelia y ahora estar invitados a la Semana de la Crítica en Cannes, sobre todo porque abre la posibilidad de que el documental tenga un público más amplio e internacional. Además permite que un proyecto tan frágil comercialmente como Juan Perros tenga el empuje para seguir adelante y conquistar nuevos públicos… ¡Los Perros van a Cannes!