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XV años, 15 ediciones: del cortometraje a la ópera prima

Por: Mariana Linares

Elisa Miller tenía 24 años cuando compitió por primera vez en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Era octubre de 2006, la cuarta edición del FICM. Miller llevó bajo el brazo su cortometraje Ver llover y muchas postales para promocionarlo. Fue común verla en esos días repartiendo sus tarjetas en las calles, fiestas, universidades o restaurantes. Quiso hacer ruido y lo logró: Ver llover fue el Mejor Cortometraje de Ficción del FICM ese año. Después, haría historia al llevarse la Palma de Oro al Mejor Cortometraje en el Festival de Cannes —la primera mexicana en lograrlo.

Miller regresó al FICM dos años después para competir con Roma, en la Sección de Cortometraje. Volvió a ganar. Esta vez, fue el Premio García Bross para la producción de su siguiente trabajo. No fue un cortometraje, pero sí regresó a Morelia. Vete más lejos, Alicia fue la obra de Miller que compitió en la octava edición del festival en la Sección de Largometraje Mexicano, dedicado a óperas primas y segundas películas.

La historia de Miller es un ejemplo de cómo el FICM crece a la velocidad de una generación de realizadores mexicanos. “Nada nos pudo haber prevenido de los vertiginosos avances de los últimos años: los triunfos artísticos de los directores mexicanos en la escena mundial; el aceleramiento de la coproducción y distribución internacionales; y el resultado de cambios largamente esperados en la política económica que han estimulado un crecimiento sin precedentes en la actividad de cine independiente”, escribió Shannon Kelley, director artístico del festival en 2007 cuando se presentó la primera convocatoria del FICM para largometrajes mexicanos en competencia.

La sopladora de hojas, ópera prima de Alejandro Iglesias Mendizábal.

La sección abrió un espacio, por primera vez en México, a los directores nóveles. La idea tuvo dos orígenes. El primero fue la asesoría y colaboración entre el FICM y la Semana de la Crítica de Cannes que detonaron replicar la convocatoria competitiva de esta sección del certamen francés en Morelia. La segunda, como en el caso de Miller, fue que muchos cortometrajistas mexicanos que ya habían participado en el festival estaban terminando sus primeros largometrajes. Las condiciones fueron perfectas.

Por diez años consecutivos —el 2017 será el decimoprimero— el FICM ha premiado al Mejor Largometraje Mexicano. En 2007 esta sección contó con seis trabajos: Cochochi, de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas; ¿Dónde están sus historias?, de Nicolás Pereda; Cumbia callera, de René U. Villarreal; Quemar las naves, de Francisco Franco Alba; Todos los días son tuyos, de José Luis Gutiérrez; y La zona, de Rodrigo Plá. Para el 2012, fueron nueve películas; y en 2016, quince largometrajes integraron la competencia. En total han participado 92 cintas mexicanas en esta categoría.

Somos lo que hay, ópera prima de Jorge Michel Grau.

Son varios los cineastas que, como Miller, estrenaron su presencia en el festival con un cortometraje y han vuelto, algunos años después, para debutar como directores de largometraje. En orden alfabético presentamos a los directores que recorrieron el camino del cortometraje a la ópera prima con películas de ficción:

Alejandro Gerber compitió en el primer FICM en la Sección de Cortometraje Mexicano con su trabajo Morada, y en la Sección de Documental Mexicano con Onces. Su ópera prima, Vaho compitió en 2009 y ganó la Mención Especial del jurado. En 2015 regresó al FICM con el cortometraje Luces brillantes.

Alejandro Iglesias Mendizábal compitió en la décima edición del FICM en la Sección de Cortometraje Mexicano con su cortometraje Contrafábula de una niña disecada. Dos años después, en 2014, volvió con el corto El humo denso que nos oprime el pecho. En la edición del 2015 presentó su ópera prima La sopladora de hojas.

Álvaro Curiel estuvo presente en el segundo FICM con su cortometraje Si un instante, y volvió a competir en 2010 con Acorazado, ópera prima que le valió el Premio del Público del FICM.

Daniel Castro Zimbrón presentó en competencia en 2006 su cortometraje Bestiario. En 2012 compitió con su ópera prima Táu, que inició una trilogía conformada por el largometraje Las tinieblas, que fue parte de la selección oficial del FICM 2016.

Elisa Miller ganó el Premio a Mejor Cortometraje de Ficción en la cuarta edición del FICM con su obra Ver llover. En 2008 volvió al festival para competir con Roma, cortometraje que ganó el Premio García Bross. Vete más lejos, Alicia es su ópera prima y compitió en 2010 para Mejor Largometraje Mexicano. En 2015, su película El placer es mío ganó el Premio a Primer o Segundo Largometraje Mexicano.

Emiliano Rocha Minter compitió en 2012 con el cortometraje Dentro, y volvió al FICM cuatro años después con su ópera prima Tenemos la carne.

Hari Sama participó en la competencia del 2005 con su cortometraje Con la cola entre las patas; en 2011 regresó al FICM para competir con su ópera prima El sueño de Lú, ganadora de una Mención Especial del jurado. Después volvió en 2014 con el cortometraje La tiara vacía; y en 2015, con el largometraje Sunka Raku Alegría evanescente.

Jaime Ruiz Ibáñez compitió en el primer FICM con su cortometraje La caja. Su ópera prima, La mitad del mundo, fue parte de la Sección de Largometraje Mexicano en 2009.

Jorge Michel Grau compitió en 2005 en la Sección de Cortometraje Mexicano con su trabajo Mi hermano; un año después, su cortometraje Kalimán estuvo en la competencia; y en 2010 presentó su ópera prima, Somos lo que hay, en la competencia oficial.

Kyzza Terrazas se estrenó en el FICM con su cortometraje Matapájaros en 2005. Su ópera prima, El lenguaje de los machetes, compitió en la Sección de Largometraje Mexicano en la novena edición del festival. En 2016 volvió al FICM con el documental Somos lengua.

Mariana Chenillo compitió en 2004 con su cortometraje Mar adentro, en 2008 presentó su ópera prima Cinco días sin Nora, que ganó el Premio del Público al Mejor Largometraje Mexicano. En 2010 regresó al FICM con el largometraje Revolución, y tres años después, en la decimoprimera edición del festival, con Paraíso.

Matías Meyer participó en 2004 con El pasajero, ganador del premio al Mejor Cortometraje de Ficción del FICM, y en 2006 con el cortometraje Verde. En 2008, presentó, fuera de competencia, su documental Wadley; en 2009, su ópera prima El calambre compitió en la Sección de Largometraje Mexicano; en 2011 volvió al FICM Los últimos cristeros; y en 2015, su película Yo ganó el Premio a Largometraje Mexicano.

Michel Lipkes compitió en 2005 con su cortometraje documental Escupir contra el viento. En 2011 presentó su ópera prima Malaventura, que se llevó una Mención Especial del jurado en la categoría de Mejor Largometraje Mexicano.

Nicolás Gutiérrez Wenhammar tuvo su primer FICM en 2015, cuando presentó el cortometraje Dona i Ocell y también su ópera prima Mientras la prisión exista.

Nicolás Pereda tiene un recorrido inverso en el FICM al de sus colegas. En 2007 se estrenó con su ópera prima ¿Dónde están sus historias?, con la que ganó el premio al Mejor Largometraje del festival. En 2008 compitió con su cortometraje Entrevista con la tierra; en 2010 presentó, en una función especial, Verano de Goliat, largometraje protagonizado por Teresa Sánchez y Gabino Rodríguez; en 2012 presentó el largometraje Los mejores temas; y en 2014, Los ausentes.

Rigoberto Perezcano ganó en 2003 el único premio que ha dado el FICM a un mediometraje documental con su trabajo XV en Zaachila. En 2009, el realizador oaxaqueño volvió al festival para competir con el largometraje de ficción, Norteado. En 2014, su trabajo Carmín tropical ganó el Premio a Mejor Largometraje Mexicano

Santiago Mohar Volkow presentó en 2013 su cortometraje Sofía de Bucarest, y el año siguiente, en 2014, presentó su ópera prima Los muertos.

Sebastián Hiriart dirigió el cortometraje Perspectiva, con el que compitió en la sexta edición del FICM. En 2010 regresó al festival para participar en la Sección de Largometraje Mexicano con su ópera prima A tiro de piedra.

Sergio Flores Thorija presentó en 2014 el corto Tuga; en 2015, el cortometraje Bosnian Dream; y en 2016, su ópera prima 3 mujeres o (despertando de mi sueño bosnio).

En 2016, de acuerdo al Anuario Estadístico de Cine Mexicano del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), se produjeron 162 largometrajes mexicanos. Trayectorias consolidadas y cineasta nóveles que forman parte de una industria que requiere más espacios de exhibición son los que mantienen viva la producción de cine hecho en México. El FICM sabe de ello y por eso ha incluido en su programación, desde la primera edición, el estreno de largometrajes mexicanos fuera de competencia. Poco a poco los realizadores que se iniciaron como cortometrajistas en el festival, que continuaron su carrera presentado sus óperas primas, serán aquellos que formen parte de esta categoría.

“Al analizar los trabajos recibidos este año, nos sorprende su variedad, profundidad y factura, además de su disposición para examinar una variedad de temas y escenarios, y para indagar en el alma mexicana”, escribió Kelley en 2007, una afirmación que, año con año, sigue definiendo la selección de trabajos en competencia de la Sección de Largometraje Mexicano.

*Este texto fue publicado originalmente en 2012 para la celebración del décimo aniversario del FICM. El equipo editorial del festival actualizó la información.