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El cine negro, una introducción

No hay una definición única ni unánime de lo que es el cine negro. El término fue acuñado por Nino Frank en su artículo Un nuevo género policiaco: la aventura criminal a propósito del estreno en Francia de una serie de películas estadounidenses que mostraban de un modo único el delito, una forma más cercana a la psicología del criminal. Frank se refería a películas hechas en Hollywood entre 1943 y 1945. En esa época el clima económico y social en Estados Unidos era turbio, el paso de la guerra había dejado un sentimiento de incertidumbre y desazón en la población: “La sensación de malestar, la angustia, el miedo habían reinado en el cine durante la Segunda Guerra Mundial.[…] El cine de la sombra dominante y la travesía dolorosa de las apariencias, poco solar y escasamente optimista, era opresivo, duro y en general opaco. El carácter sombrío de sus temas y sus personajes fascinaba al público hasta el vértigo”. [Simsolo, Noël, El cine negro, Alianza, Madrid, 2009].

Double-Indemnity

Double Indemnity (1944), de Billy Wilder

El uso del término noir comenzó a emplearse en el cine debido a una colección de novelas tituladas Série Noire publicadas por la editorial Gallimard en 1945, y que luego fueron llevadas a la pantalla grande, tales como The Maltese Falcon (1941) de Hammett dirigida por John Huston y Murder my Sweet (1944) de Raymond Chandler, dirigida por Edward Dmytryk. Estas películas policiacas hacían frente al Código Hays, impuesto en los años treinta en Estados Unidos, el cual establecía que el cine tenía que cuidar la moral de los espectadores, evitar a toda costa crear simpatía en el público por los actos indecentes o delictivos y, sobre todo, prohibía mostrar crímenes explícitos. Los buenos siempre tenían que ganar y la ley debía imponer su fuerza en los criminales: “Frente a esta censura, los directores americanos hacen trampas mediante elipsis y sugestión, utilizando las sombras y el sonido (o la imagen) en off para ocultar actos salvajes mortíferos”.

Sin embargo, el entusiasmo por estas películas, en las que la sombra y el crimen se apoderan de la sociedad, no fueron bien recibidas por todos los críticos. Por ejemplo, a Jean-Pierre Chartier no le parecía que hubiera algo que rescatar en ellas: “encontramos monstruos, criminales o enfermos sin justificación que hacen lo que hacen movidos por una fatalidad del mal que está en su interior”.

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Lost Weekend (1945), de Billy Wilder

Estas polémicas ayudaron a que el término fuera ampliamente discutido y, por ende, utilizado más allá del continente europeo. Así, en 1979, Alan Silver y Elizabeth Ward publicaron Film noir: an encyclopedic reference to the american style, en el que reafirman el término utilizado por Nino Frank, pero añaden otras películas anteriores a 1940 y posteriores a 1959, no ya como un cine de una época, sino como estilo particular: “Parece legítimo reagrupar toda una serie de películas que suelen poner en escena la violencia, la muerte o las obsesiones sexuales y cuyos personajes favoritos suelen ser detectives privados con los bolsillos vacíos, vampiresas fatales y cínicas o truhanes insignificantes”.

De tal forma, el término cine negro dejó de ser exclusivo para las películas hechas en Hollywood en el periodo de 1940 a 1950. Aunque algunos consideran que debería integrarse como un género cinematográfico, lo más adecuado sería decir que es un estilo con ciertas características, pues es difícil definir qué tipo de películas pertenecen a este rubro. Por ejemplo, existen algunos críticos que afirman que las películas de cine negro deben de ser exclusivamente en blanco y negro, otros sostienen que estos filmes deben estar ambientadas únicamente en contextos urbanos.

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The Woman in the Window (1944), de Fritz Lang

A pesar de la dificultad para definir al cine negro, existen ciertas características que son recurrentes: temas sombríos, vértigo, violencia, angustia, desesperación existencial, decadencia, obsesiones descontroladas. La dualidad no se da entre dos personajes sino que es interna, la lucha entre el bien y el mal está en el interior de cada personaje. Tampoco existe una división clara entre buenos y malos, generalmente los criminales son también gente de buenos modales y con puestos de poder importantes. La moral se corrompe y no hay vuelta atrás: en el laberinto de la angustia existencial no hay salida.